• Claire Dunn

STUDIO VISIT: SILKE

Julio 2021

By Claire Dunn


Con este afán de seguir explorando sobre la significación del arte y su práctica, hoy emprendo una nueva aventura. Me interesa investigar las posibles relaciones entre la subjetividad, el arte y su sentido. En mi tesis de psicología entrevisté a numerosos artistas, los cuales luego de la entrevista hicieron experimentos plásticos y experiencias pictóricas, incluyendo sobretodo el relato, entre otras cosas. En ésta exploración de cómo el arte es vivido por ellos, muchos se refieren al arte como una experiencia espiritual; para varios se concibe como un medio de auto-conocimiento y que brinda en casi todos los casos satisfacción, a pesar de que se pudieron observar distintas concepciones acerca de lo que es el arte en sí. También se puede pensar el mismo como un lenguaje, una forma de expresión personal y colectiva, situado en un contexto social, cultural, mundial determinado (además de ser una fuente primaria para el estudio de la historia de la humanidad). También se observó en muchos casos la utilización del arte como un medio de transformación personal, para elaborar dolor en muchas ocasiones, teniendo un fuerte impacto en la vida de los sujetos.


Con la intención de seguir explorando más allá de lo que fue la tesis, me parece interesante ir a visitar a distintos artistas a sus talleres, sumergirme por un rato en sus universos y compartir sus experiencias subjetivas con el arte. Esta vez el marco es distinto: para la tesis eran entrevistas más largas, contenían preguntas diferentes y por supuesto eran privadas, en este caso los artistas me dan su consentimiento previo para compartir esta entrevista en mi página .


En esta oportunidad fui a visitar a Silke, a su taller en San Isidro, Buenos Aires.



Silke en su taller en San Isidro, Buenos Aires, Argentina.


Claire: ¿Sos artista full time o tenés también otro trabajo?


Silke: Si, me dedico full-time a lo creativo y al arte


Claire: ¿Qué sentís que comunicas como artista?


Silke: Como artista, tengo la dicha de comunicar lo más profundo de mi acercamiento a los lenguajes sagrados universales.


Claire: ¿Qué es lo que te motiva a hacer arte? ¿Creés que es una motivación interna o externa?


Silke: Comenzó mirando lo exterior, fascinándome con los paisajes, composiciones y retratos. Poco a poco, cada vez se hizo más interno cuando comencé con las series

"Descubrimiento de la exterioridad, descubrimiento de la interioridad",

"Cartas a un joven Poeta", de Rilke..


“América Andina", Esta serie se manifestó con la fuerte vivencia externa de los Andes que se transformo en una gran experiencia interna.


"Espiritualidad”, Ya a está altura, cada tanto, tuve un acceso directo a lo indecible.


"Los 4 Elementos", con esta serie, comencé por primera vez a sentirme YO cada elemento. Fue un paso muy grande en mi hacer creativo. Descubrí que siento yo misma el tema a expresar. En ese caso, la obra es mucho más pura y completa.


Y con la suma de todas estas experiencias sucedieron el resto de las series:


"Los Arcanos en Seda",

“Las Claves de Enoc”,

“De la materia hacia la luz”,

“Todos somos uno”,


Claire: ¿En el momento que estás creando, o sea en el proceso de creación, sentís algo? ¿Qué sentís?


Silke: Que no toco piso. Que paso a otra realidad, es una entrega total. No hay espacios para nada OTRO, es el presente absoluto.




Claire: ¿Qué es lo que te inspira?


Silke: Siento que el proceso creativo no siempre es el mismo. A veces surge del entre­namiento plástico, del ‘kilometraje’, donde se conjugan el flujo de ideas, e intuicio­nes. También, las técnicas, que ayudan a que se disparen nuevas creaciones. Sin embargo, otras veces, pasa algo mágico. Me siento unida con todo el universo, puedo vislumbrar un reflejo de su matriz, es una sensación inexplicable. Veo imágenes, más imágenes. Es una sensación de totalidad, de euforia, de entusiasmo, de plenitud. Me entrego al misterio de esos momentos. La lógica allí no tiene espacio, jamás lo podría describir, no existe lenguaje formal para explicarlo. Es como si una idea se quisiera apoderar de mí. Pensándolo bien, casi me atrevo a decir que sucede al revés, allí afuera hay ideas que son como entidades y buscan un cuerpo para manifestarse.

A veces siento que las ideas deambulan en el Universo y buscan a la persona propicia para expresarse. Parece ser que la idea es la corpórea, la importante, y uno pasa a segundo plano, a ser sólo instrumento útil para realizar esa idea. Pero como la idea surge del Uni­verso, vibra con una energía diferente, que no es la humana. Se me ocurre que es por eso que aparecen esas sensaciones maravillosas de euforia y plenitud. Una vez que la idea se apoderó de mí, la veo totalmente terminada con todos los detalles. Curiosamente, esa idea siempre tiene que ver conmigo; no es casual que me haya elegido. A medida que la visuali­zo, la interiorizo y abro toda mi percepción para hacerla mía, para verla, sentirla, tocarla y escucharla. La imaginación, la intuición y la vivencia profunda del simbolismo consti­tuyen el suelo fértil esencial para cada visualización. Durante ese instante, yo soy la ima­gen. Luego se desprende de mí. ¡Qué maravilla! Es luz y transparencia. La veo totalmente acabada, suspendida en el aire, pidiendo ser realizada. Agradezco cada hallazgo...

Ese momento pleno y emocionante viene acompañado del gran desafío: ¿cómo hacerla visible, cómo revelarla a los demás? Si bien no dudo de mi decisión de tra­bajar, a la vez me invaden las angustias propias del cuestionamiento de mis posibi­lidades. Cuando aparece un nuevo desafío técnico rememoro la ‘imagen luz’. Es así como descubro las técnicas a utilizar. Me sorprende ver cómo muchas técnicas me son develadas de este modo. Entonces comienzo el trabajo, ‘el hacer’. Cada forma, cada trazo, cada color aportan su propio clima vibracional. Paso a paso se gesta la obra; son horas y horas de incansable trabajo, de gran intensidad emocional. Son tiempos que desatan una regeneración interna, tiempos de meditación. El contacto tan íntimo y tan profundo con la idea es una comunión entre imagen, realización y plenitud. Si bien los materiales tienen su peso y sus exigencias, y el trabajo físico demanda esfuerzo, el sentido de la obra lo hace liviano.

Cuando la obra queda concluida, me invaden diferentes sentimientos. Por un lado, el asombro de lo que surgió y, por otro, una cierta tristeza porque la obra cul­minó. Es semejante a la sensación que siento al leer la última línea de un libro que me mantuvo en un estado de irrealidad que parecía supremo: una sensación de despojo y abandono. Sin embargo, la obra se dio a luz.


Claire: ¿En qué condiciones te gusta realizar tu arte? Sola, acompañada, con música, sin música, etc?


Silke: En la práctica, estoy generalmente sola. Con respecto a la música, hace mucho tiempo la necesitaba. Hoy día, tengo mi música interna.


Claire: ¿Sobre qué estás trabajando actualmente?


Silke: Actualmente estoy trabajando con “la energía del color.”





Claire: Y, ¿cómo crees que eso se relaciona con algún aspecto de tu vida personal?


Silke: ¡Siempre se relaciona la vida personal con la obra! El artista se manifiesta en la obra, alberga en su interior, inconscientemente, todo el potencial de las obras que desplegará a lo largo de su vida. Son semillas a la espera de despertar madurando en el silencio de la penumbra, alertas al momento propicio. Aún es­tán veladas, pero están dispuestas a salir a la luz y ser expresadas en su momento preciso. Así, existen en potencia, habitan replegadas en la oscuridad. Como la rosa que a medida que crece, sus pétalos se despliegan y nos hacen partícipes de su plenitud, cada pétalo aterciopelado y colorido es parte de la esencia de la rosa; nos cuenta su historia, su intimidad. De modo similar, cada obra realizada del artista es un pétalo, una obra que estaba a la espera de ser creada y floreció.

Cada obra es, intrínsecamente, un paso o eslabón del crecimiento interior del artista. Con cada realización, el artista se revela y se acerca más a su esencia. Es un acercamiento a sus espacios más sutiles, más sinceros, más íntimos, más profundos y vulnerables. El artista gesta su obra y luego ella se independiza, cobra vida propia, toma un camino independiente del autor y continúa activa transformándose según los ojos que la contemplen. Cada obra esconde mensajes y aspectos íntimos de su creador, de su propio “yo”, muchas veces desconocidos aun para él mismo.

El artista, además de ofrecer la obra, se ofrece en la obra, a través de ella se

desgaja y desnuda su interioridad. Es un acto de coraje en el que revela su esencia.

Para mí es imposible dividir experiencias de vida, camino interno y arte.

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